Historia de una escalera - Antonio Buero Vallejo

Historia de una escalera trata sobre la sociedad española de principios del siglo XX en una comunidad de vecinos.
- Acto primero
La historia comienza cuando doña Asunción pide a Don Manuel un préstamo para poder pagar al cobrador de la luz, es entonces cuando se hace más visible los problemas económicos de los vecinos a excepción de Don Manuel. Y nos presentan también a Fernando y Carmina, dos jóvenes enamorados, con muchos sueños y planes futuros.
- Acto segundo
El segundo año trascurre después de diez años, en los cuales han fallecido personas como Asunción, Don Manuel y por último Don Gregorio. Y se han formado parejas como Fernando y Elvira, los cuales tiene un bebé (Fernando hijo), Carmina y Urbano y por  último Rosa y Pepe, cuyo matrimonio ha hecho que esta no se hable con su padre, el señor Juan. 
- Acto tercero
Este último acto continúa tras veinte años, en los que Fernando y Elvira han tenido otro hijo llamado Manolín, y también Carmina y Urbano, los cuales han tenido una niña de nombre Carmina. Los cuales como por burla del destino también se enamoran, dispuestos a repetir de nuevo la que fue la historia de sus padres. 

Carta del descubrimiento - Colón

Colón escribe la carta a Luis de Santángel el 15 de febrero de 1493.
Dice que pasó 33 días en las Indias  y como encontró muchísimas islas pobladas de un sin número de indígenas. Dice haber tomado posesión de todas ellas en nombre de los reyes.
A la primera isla que encontró la llamó San Salvador (que los indios llamaban Guanahaní) “en conmemoración de su Alta Majestad”
A la segunda llamó Santa María de Concepción, a la tercera Fernandina, a la cuarta la Isabela, a la quinta Juana. Encuentra entonces la provincia de Catayo y sigue andando ya que solo encontraba pequeñas aldeas de gente que salía huyendo. Piensa que no hay grandes ciudades.
Envía a dos hombres a ver si “había Rey o grandes ciudades.” Andan tres jornadas pero solo encontraron poblaciones pequeñas.
Decide coger otra vez el barco y va hasta la Española. Dice que las tierras eran muy fértiles, que había muchos puertos “sin comparación de otros que sepa de cristianos” y buenos y grandes ríos. Las tierras son altas, hay muchas sierras y montañas altísimas, “sin comparación de la isla de Tenerife” y muchos árboles que según le han dicho nunca pierden la hoja y siempre están verdes y con fruto. Por donde van cantan los pajaritos.
Sigue describiendo la flora, exagerando lo buena que es. Dice que la Española es maravilla para sembrar y criar ganado así como la edificar. Estos, son diferentes de los que encontró en la Juana.
Los indígenas andan desnudos, aunque algunas mujeres se cobijan “un solo lugar con una hoja de hierba o de algodón.” Estos indígenas no tienen armas de hierro, sino solo de caña. Son temerosos y salen huyendo de Colón. Aunque cuando pierden ese miedo son “tan liberales de lo que tienen” y muestran amor.
Colón defiende que no les den a los indios “cosas tan viles como pedazos de escudillas rotas y pedazos de vidrio roto” aunque a estos les parecía “haber la mejor joya del mundo” y les daban cosas que valían mucho más a cambio.
Añade que “allende de esto se harán cristianos porque se inclinan al amor y servicio de Sus Altezas” y porque son generosos. “Y no conocían ninguna secta ni idolatría” y que el bien es en el cielo.
Los indios creían que Colón y sus compañeros eran gente que venía del cielo. Y esto no era porque eran ignorantes, sino porque nunca habían visto a gente vestida así ni semejantes navíos.
En la primera isla que encontró tomó por fuerza algunos indios para que aprendiesen y le informase del territorio. Se comunicaban a través de señas.
Cuando llegaban a un nuevo territorio, estos indios corrían de casa en casa anunciando que había llegado la gente del cielo.
Los indios tenían canoas.
Vuelve a señalar lo dispuestos que son estos indios a la conversión al cristianismo.
La isla Juana es mayor que Inglaterra y Escocia juntas, “porque allende de estas […] me quedan de la parte del Poniente dos provincias que yo no he andado, la una de las cuales llaman Auan, adonde nace la gente con cola.”
Indica que de todas a tomado posesión en nombre de Sus Altezas y por lo tanto puede disponer de ellas como estos quieran, incluyendo las minas de oro y las tierras.
Dice que los reyes tenían hasta 2 mujeres y que las mujeres trabajan más que los hombres.
No ha encontrado hombres monstruosos como muchos pensaban.  
Dice que hay sitios muy fríos pero que los indígenas lo aguantan bien por las cosas que comen con especias.
No ha encontrado monstruos salvo en el Caribe donde ha escuchado que son caníbales y con las canoas roban todo cuanto quieren. Y tienen los cabellos largos como mujeres y usan arcos y flechas de caña. Son feroces al contrario que los otros que son cobardes.
En Matinino dice solo hay mujeres.
Le han asegurado que hay otra isla aún más grande que la Española, donde hay mucho oro.
Pide a los reyes algo de ayuda y así poder él darles todo el oro, esclavos (sólo los idólatras) y algodón y todo cuanto pueda llevar a España.

Se despide  como el Almirante. 

Representación hecha a don Carlos IV desde la cartuja de Mallorca - Jovellanos

Cuenta como el 13 de marzo por la mañana le arrestó el regente de la Audiencia de Asturias, y sin darle explicación alguna le llevaron a León, donde estuvo durante 10 días en un convento de franciscanos descalzos.
Llegan al puerto de Barcelona, donde le entregan al capitán general “y de su orden nuevamente recluso en el convento de Nuestra Señora de la Merced”. Llevándole definitivamente a Palma, es decir, desterrado de España.
Se queja de que le han humillado y dañado su honor, además de que no le han dado ninguna explicación de porqué.  No obstante lo que más le duele es haber perdido la gracia del rey.
“Acaso, Señor, para justificar tan rigorosos procedimientos se habrá creído que mis delitos y sus pruebas se hallarían en mis papeles, los cuales, tal vez con este solo fin, se ocuparon súbitamente y sin excepción alguna. Pero, Señor, si antes de esta ocupación no existían contra mí pruebas de ningún delito, ¿cómo es que por alguna aparente sospecha o por alguna delación calumniosa se ha tomado conmigo tan violenta y extraña providencia?”
“Y digo, Señor, que lo celebraría, porque ¿qué se hallará en mis papeles, sino una no interrumpida serie de testimonios que acrediten mi inocencia e integridad de mi vida, consagrada por espacio de treinta y cuatro años al servicio de V. M. y al bien común?”
“Así que, ruego humildemente a V. M. que, obrando según los principios de equidad y justicia inseparables de su piadoso corazón, se digne mandar: primero, que si algún delito se me hubiere imputado ante V. M., se me haga desde luego cargo de él, y se me oigan mis defensas según las leyes; segundo, que cualquiera juicio que contra mí se haya de instaurar, se instaure y siga, no ante comisionados o juntas particulares, sino ante algún tribunal públicamente reconocido, ora sea el

Consejo de Estado, de que soy miembro, ora el de Órdenes, como caballero profeso de la de Alcántara, ora ante el Consejo Real, que es el primer tribunal civil de la nación, ora, en fin, pues que se me ha trasladado a esta isla, ante el acuerdo de su real audiencia, pues en ellos o cualquiera otro estoy pronto a responder de mi conducta; tercero, que declarada que sea mi inocencia, de que estoy bien seguro, se digne V. M., no sólo reintegrarme en mi antiguo estado, sino también reparar íntegramente y en la forma que más fuere de su real agrado la nota y baldón que tantas violencias y atropellamientos cometidos en mi persona hayan podido causar en mi reputación y buen nombre. Así lo espero de la justicia y rectitud de V. M., por cuya vida y prosperidad quedo rogando fervorosamente al cielo.”

El delincuente honrado - Jovellanos

Torcuato mató al Marqués, antiguo marido de Laura, su actual esposa. Le cuenta a su amigo Anselmo, que es el único que sabe que lo mató, que tiene pensado contarle a Laura la verdad y huir pues se siente culpable por haber engañado a Laura, aunque tiene miedo de que esta no le perdone y de defraudar a Don Simón, padre de Laura.
Anselmo le cuenta que Juanito, criado del difunto Marqués, está en las cárceles de Segovia “Desde que de orden del Rey vino a continuar la causa el alcalde don Justo de Lara”.
Torcuato está raro todo el día. Les dice a Laura y don Simón que ha de ir a Madrid para recoger unos dineros que le dejó en herencia su tía al morir. Habla con Don Justo, juez.
Juanito dice que quien mató a su amo fue Anselmo, por lo que le encarcelan, ya que este no quiere confesar quien fue en realidad.
Al enterarse se lo confiesa a Laura y va a la cárcel a confesárselo al escribano. Sueltan a Anselmo y encarcelan a Torcuato. Don Simón opina que debería estar en la cárcel por haber aceptado el desafío, tal y como dicta la ley. Doña Laura está desconsolada. Don Justo decide hacer todo lo que pueda por él ya que le considera honrado. Torcuato se había criado solo con su madre, ya que su padre tuvo que irse en un viaje antes de que él naciese y su madre tenía pensado al volver decirle que era su hijo y así restablecer el honor de Torcuato dándole un nombre pero la madre murió antes de que esto pasase y Torcuato no sabía quién era su padre. Se descubre que don Justo es en realidad el padre de Torcuato. Don Justo manda a Anselmo a “tirar de influencias” para salvar a Torcuato. Justo cuando van a ejecutar a Torcuato, aparece Anselmo con el indulto del rey y se salva.   

Cartas eruditas y curiosas (Tomo 4, Carta 3) - Feijoo

Preguntó un Caballero al Autor si hallaba algún arbitrio para que un Noble, provocado a desafío, por el motivo de evitar la ofensa de Dios, excusase de aceptarle, sin incurrir la nota de cobarde; y le responde en ésta

1.    “el Noble desafiado no debe, ni puede aceptar, porque pecaría gravísimamente en hacerlo; lo uno contra sí exponiendo su vida; lo otro contra el prójimo, queriendo, o poniéndose en ocasión próxima de quitársela” además la Iglesia contempla el duelo como pecado bajo pena de Excomunión mayor.
2.    Mas pese a esto, “Si acepta, ofende a Dios gravísimamente; sino, queda reputado entre los hombres por infamemente cobarde”. Debe el Noble elegir no ofender a Dios.
3.    Sin embargo, esto es arduo. Pone el ejemplo del Virrey de Cataluña que empuñó una daga contra San Francisco de Borja, y este sufrió el insulto arriesgándose a que muchos le llamasen cobardes.
4.    “y no pudiendo por consiguiente esperarse de muchos, que puestos en el conflicto de admitir el desafío, o incurrir la nota de cobardes, hagan a Dios el gran sacrificio de cargar con aquella ignominia por no ofenderle; sería convenientísimo descubrir algún expediente para excusarse del desafío”
5.    “si el Noble desafiado, luego que se niega a la aceptación, voluntariamente se pusiese en otro riesgo de perder la vida, igual al que evita en el desafío, nadie le tendría por cobarde, antes todos juzgarían, que no por falta de valor, sino por otro motivo diferente se había excusado del duelo. Y si el ponerse en el nuevo riesgo fuese sin ofender a Dios, antes en servicio suyo, todos creerían que puramente por no ofenderle no había aceptado el desafío.”

Pone ejemplos de personas y países que así lo hicieron. Finaliza diciendo que “Por esto convendría mucho que los Príncipes prohibiesen el duelo con severísimas penas, y adonde el abuso fuese grande, las hiciesen aplicar irremisiblemente.

Oda II: El amor mariposa - Meléndez Valdés

Viendo el amor que las muchachas huían de él, jura vengarse. Se convierte en mariposa  y revolotea entre las flores. Las muchachas viendo la mariposa tan grácil, intentan atraparla y la mariposa las esquiva continuamente. Y siendo las muchachas más felices, el Amor se revela con su verdadera forma, y las atrapa con sus alas de mariposa.   
“También de mariposa le quedó la inconstancia: llega, hiere, y de un pecho a herir otro se pasa”.

·         El tema de este poema es la volubilidad del Amor.

El caballero de Olmedo - Lope de Vega

Don Alonso, un noble caballero de Olmedo, al ir a la feria de Medina junto con su sirviente, Tello, ve a una hermosa dama vestida de labradora, de la que se enamora (doña Inés); “en forma de labradora encubría el ser señora”.
Entonces contrata a una alcahueta, de nombre Fabia, a la que le da una carta amorosa que ésta tendrá que dar a doña Inés, a cambio de un collar.
Fabia va a casa de Inés con la excusa de que vende “niñerías que vender para comer” y cosméticos y le incita a leer unos papeles entre los cuales se encuentra la carta amorosa, entonces le entrega la carta y la convence para que responda a la carta diciendo que es para otro caballero y otra dama, se va a responderla, aunque sospecha que es para el forastero al que vio en la feria. Entonces, entra su prometido, don Rodrigo, junto con su amigo, don Fernando, por la puerta y al encontrarse con Fabia se disgustan pero las mujeres les convencen de que es la honorable anciana que limpia la ropa.
Inés responde a la carta de Alonso. En ésta se dice que Alonso debe de ir a casa de Inés a recoger un listón verde de chinelas, que ésta dejara en la reja del jardín por la noche para el próximo día Alonso se lo ponga en el sombrero y puedan reconocerse.
Pero cuando llega la noche y Alonso va junto con Tello a por el listón se encuentran con que Rodrigo y Fernando pasaron a dar una vuelta por casa de Inés y que habían encontrado en listón, como no saben de cuál de las dos hermanas es (Fernando pretende a Leonor), deciden partirla por la mitad, pero en esto, oyen las voces de Tello y Alonso y, acobardados, se van. En un momento, Inés ve a Rodrigo con el listón y piensa que Fabia le ha tendido una trampa para que se enamorara de su prometido, porque en el fondo no estaba enamorado de él.
Al de un rato aparece Fabia y le explica lo ocurrido, y también le dice quien es en realidad su amante, el caballero de Olmedo: la gala de Medina, la flor de Olmedo.
Más tarde Tello y Alonso van hacia Medina hablando, cuando Tello le insinúa a Alonso sobre la peligrosidad de este romance, puesto que está Fabia la alcahueta con su magia por medio, pero Alonso le contesta que el amor tiene que soportar cualquier tipo de peligro.
Al de un rato llegan a casa de Inés y entonces Alonso e Inés empiezan a condescenderse. Pronto llega don Pedro, padre de Inés, por lo que Alonso y Tello se ven en la obligación de esconderse. Don Pedro sorprendido de ver a su hija despierta a altas horas de la mañana le pregunta que qué hace despierta a esas horas, Inés le responde que estaba rezando.
Pero también le cuenta que quiere ser monja por lo que necesita que le haga cortar un hábito cuanto antes y que le busque un profesor de canto que asimismo le enseñe latín. Don Pedro no le niega la palabra de dios y promete esforzarse en encontrar una mujer que le enseñe tanto latín como canto.
Al irse don Pedro, Alonso y Tello vuelven a aparecer, como Inés ya no está comprometida, Alonso lo tendría más fácil, pero ahora tiene que contar con que Inés es monja. Entonces deciden que Tello sería su profesor de latín, que sería el que llevaría las cartas de amor a Inés, y que Fabia sería su profesora de virtudes y costumbres.
Así lo planearon y así lo desempeñaron. Fabia y Tello consiguieron ser los maestros de Inés. Todo les salió muy bien, lo que pasa es que al ser Inés una monja no pudo acudir a la feria de Medina a la que el rey asistiría. Pero Alonso sí que acudió a pesar de tener una revelación de su alma en un sueño en el que éste moría.
Con la feria ya empezada Alonso empezó a tomar parte en ésta, en la cual destaca como gran jinete picador de toros. Don Rodrigo incapaz de soportar todas las alabanzas que el público estaba echando a don Alonso, se ve en la obligación de meterse en la feria.
Don Alonso antes de dejar de lucirse, le dice a Tello que vaya a donde Inés y le diga que se prepare para hablar con él antes de que éste parta hacia Olmedo para que sus padres no piensen que ha sido asesinado por uno de los toros.
Pero mientras Tello va a donde Inés, don Rodrigo entra en la faena, y necesita la ayuda de Alonso para salvarse la vida después de haberse caído del caballo delante de un toro. Por lo tanto don Rodrigo se encuentra furioso por deberle la vida al hombre del que tiene celos. Antes de partir hacia Olmedo, don Alonso pasa por casa de Inés a hablar con ella.
Después de hablar, al partir, Alonso ve una sombra de la cual se asusta, pero no le da más importancia y piensa que es su imaginación, por lo tanto prosigue su camino. Pero cuando ya estaba cerca de su casa se siente amenazado por un silbido de una de sus canciones, alertado por lo sucedido con la sombra, se prepara para el combate y decide averiguar quien el que silba la canción. Pero no es más que un campesino, por lo que se despreocupa.
Al de pocos instantes ve acercarse a unos caballeros, los cuales distingue casi al momento, son don Fernando y don Rodrigo. Alonso al ver que es don Rodrigo se despreocupa sabiendo que le ha salvado la vida y no cree que le haga nada. Pero contra todos los pronósticos le atacan y huyen hacia Medina. Al cabo de un rato llega Tello que se encuentra a Alonso en el suelo medio desangrado y le ayuda a llegar ante sus padres.
Mientras todo esto sucede, Inés le cuenta la verdad sobre Alonso a su padre y accede a que se casen. Tello después de dejar a Alonso en su casa ya muerto, parte hacia Medina dejando a los padres y a la casa de éste de luto.
Cuando llega a Medina se encuentra con don Fernando y don Rodrigo que tras la muerte de Alonso iban a pedir las manos de Leonor e Inés respectivamente. Pero Tello le cuenta lo sucedido al rey que también se encontraba en la casa y logra que este haga ahorcar a Fernando y Rodrigo dando fin a la obra de El caballero de Olmedo.